sábado, 2 de julio de 2011

La revolución, de Slawomir Mrozek

Muy poco, por no decir nada, sabemos de la remota literatura polaca. De vez en cuando ciertos amigos, con contactos aquí o allá, lectores infatigables de literaturas esquivas, nos sugieren piezas magistrales. De esa manera llegó Slawomir Mrozek (la trascripción exacta de los acentos polacos es imposible con nuestros caracteres) y su libro La vida difícil. La mayor parte de su obra ha sido publicada, para fortuna  nuestra, por la editorial Acantilado. Yo, al menos, lo considero toda una joya. Aquí va:

La Revolución

Slawomir Mrozek*

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.
Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.
Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición favorita.
Pero al cabo de cierto tiempo, la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.
Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por “ese cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario. Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.
Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez, “cierto tiempo” también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio ―es decir, el cambio seguía siendo un cambio―, sino que al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.
Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario...

* Slawomir Mrozek (Borzecin, Polonia, 1930) estudió arquitectura, historia del arte y cultura oriental. Antes de darse a conocer como escritor, obtuvo cierto éxito como periodista y dibujante satírico. A partir de 1957, su carrera literaria se desdobla en dos facetas, la de autor dramático—que le ha merecido un reconocimiento universal y un extraordinario éxito popular—y la de narrador. Acantilado emprendió desde el 2001 la publicación de su obra narrativa. Entre sus libros destacan Juego de azar (Acantilado, 2001), La vida difícil (Acantilado, 2002), Dos cartas (Acantilado, 2003), El árbol (Acantilado, 2003), El pequeño verano (Acantilado, 2004), La mosca (Acantilado, 2005), Huida hacia el sur (Acantilado, 2008) y El elefante (Acantilado, 2010).

miércoles, 13 de abril de 2011

Así es que se empieza un cuento

Más allá de lo que digan algunos escritores, que recomiendan desobedecer cualquier precepto literario, siempre será mejor asegurar, de entrada, la lealtad de un posible lector. Aquí va un comienzo extraordinario, el primer párrafo del cuento "La cadena", del escritor de Alabama, Estados UNidos, Tobias Wolff. Ha sido tomado de la traducción de Mariano Antolín Rato, del libro Aquí empieza nuestra historia, de Alfaguara.

Brian Gold estaba en la cima de la colina cuando atacó el perro. Un animal grande, negro, como un lobo, atado a una cadena, saltó desde un jardín trasero y salió disparado hasta el parque, moviéndose con agilidad a pesar de la nieve profunda, en dirección a la hija de Gold. Éste esperó que la cadena tirara del perro y lo detuviese; pero el perro siguió avanzando. Gold se lanzó colina abajo, gritando. La nieve y el viento apagaron su voz. El trineo de Anna estaba casi al final de la pendiente. Gold le había levantado la capucha del anorak para protegerla de las ráfagas de viento, y sabía que no le podía oír a él ni ver al perro que corría hacia ella. Era consciente de la velocidad del perro y de su propio avance lento, del peso de sus botas de goma, de la pegajosa costra de debajo de la nieve reciente. El abrigo le batía contra las rodillas. Gritó una última vez cuando el perro arremetió, y en ese momento Anna se echó hacia atrás y el perro le alcanzó el hombro en lugar de la cara. Glod apenas estaba a mitad de la colina, agitando los brazos, los pies resbalándose dentro de las botas. Parecía correr sin avanzar, mantenido a una distancia fija, insalvable, del perro que arrastraba a Anna, tirándola del trineo y sacudiéndola como a un muñeco de trapo. Gold se tiró colina abajo y entonces la distancia se esfumó y estaba allí (p. 248).



Tobias Wolff

lunes, 28 de marzo de 2011

Dos grandes comprimidos

"La brevedad es una de las mayores virtudes de los buenos cuentistas", parecen decir a una sola voz quienes han pensado el asunto, desde la primera preceptiva de Poe. Esa brevedad, si se suma a la calidad estética, nos regala, a veces, geniales obras de arte. Aquí van dos muestras de esto. La primera, del escritor venezolano Luis Britto García; la segunda, del escritor mexicano Guillermo Samperio:

El monopolio de la moda
Luis Britto García


Ahora reposa y siéntate. Dentro de un instante entrará un vendedor a explicarte que tu televisor está pasado de moda y que debes comprar el nuevo modelo. En pocos minutos convendrás sin él las condiciones del crédito del precio y te dirás que en verdad una mañana de uso ya es suficiente. Al encender el nuevo aparato lo primero que notarás será que las modas del mediodía han cedido el paso a las modas de las dos de la tarde y que una tempestad de insultos te espera si sales a la calle con tus viejas corbatas de la una y veinticinco. Así atrapado, debes llamar por teléfono a la tienda para arreglar el nuevo crédito, a cuyos efectos intentarás dar en garantía el automóvil. El computador de la tienda registrará que el modelo es del día pasado y por lo tanto inaceptable. Lo mejor que puedes hacer es llamar al concesionario y preguntarle sobre los nuevos modelos de esta mañana. El concesionario te preguntará qué haces llamándolo por ese teléfono de modelo anticuado, y le dirás es cierto, pero ya desde hace media hora estás sobregirado y no puedes cambiar de mobiliario. No hay más remedio que llamar al Departamento de Crédito, el cual accederá a recibir el viejo modelo por el uno por ciento de su precio aunque la inversión bien lo vale. Calculas que eso te da tiempo para llamar a que vengan a cambiar el congelador y la nevera, pero otra vez el maldito teléfono anticuado no funciona y minuto tras minuto el cuarto se va haciendo inhóspito y sombrío. Adivinas que ello se debe al indetenible cambio de los estilos y el pánico te irá ganando, e inútil será que en una prisa frenética te arranques la vieja corbata e incineres los viejos trajes y los viejos muebles de ayer y las viejas cosas de hace una hora, aún de sus cenizas fluye su irremediable obsolescencia, el líquido pavor del que sólo escaparás cuando, a las cuatro, lleguen tu mujer y tus hijos cargados con los nuevos trajes y los nuevos juguetes, y tras ellos el nuevo vestuario y el nuevo automóvil y el nuevo teléfono y los nuevos muebles y el nuevo televisor y la nueva cocina, garantizados todos hasta las cinco, y el nuevo cobrador de ojos babosos que penetra sinuosamente en el apartamento, rompe tu tarjeta de crédito y te notifica que tienes comprometido tu sueldo de cien años, y que ahora pasas a los trabajos forzados perpetuos que corresponden a los deudores en los sótanos del Monopolio de la Moda.

Tiempo libre
Guillermo Samperio



Todas las mañanas compro el periódico y todas las mañanas, al leerlo, me mancho los dedos con tinta. Nunca me ha importado ensuciármelos con tal de estar al día en las noticias. Pero esta mañana sentí un gran malestar apenas toqué el periódico. Creí que solamente se trataba de uno de mis acostumbrados mareos. Pagué el importe del diario y regresé a mi casa. Mi esposa había salido de compras. Me acomodé en mi sillón favorito, encendí un cigarro y me puse a leer la primera página. Luego de enterarme de que un jet se había desplomado, volví a sentirme mal; vi mis dedos y los encontré más tiznados que de costumbre. Con un dolor de cabeza terrible, fui al baño, me lavé las manos con toda calma y, ya tranquilo, regresé al sillón. Cuando iba a tomar mi cigarro, descubrí que una mancha negra cubría mis dedos. De inmediato retorné al baño, me tallé con zacate, piedra pómez y, finalmente, me lavé con blanqueador; pero el intento fue inútil, porque la mancha creció y me invadió hasta los codos. Ahora, más preocupado que molesto, llamé al doctor y me recomendó que lo mejor era que tomara unas vacaciones, o que durmiera. Después, llamé a las oficinas del periódico para elevar mi más rotunda protesta; me contestó una voz de mujer que solamente me insultó y me trató de loco. En el momento en que hablaba por teléfono, me di cuenta de que, en realidad, no se trataba de una mancha, sino de un número infinito de letras pequeñísimas, apeñuscadas, como una inquieta multitud de hormigas negras. Cuando colgué, las letritas habían avanzado ya hasta mi cintura. Asustado, corrí hacia la puerta de entrada; pero antes de poder abrirla, me flaquearon las piernas y caí estrepitosamente. Tirado bocarriba descubrí que, además de la gran cantidad de letras hormiga que ahora ocupaban todo mi cuerpo, había una que otra fotografía. Así estuve durante varias horas hasta que escuché que abrían la puerta. Me costó trabajo hilar la idea, pero al fin pensé que había llegado mi salvación. Entró mi esposa, me levantó del suelo, me cargó bajo el brazo, se acomodó en mi sillón favorito, me hojeó despreocupadamente y se puso a leer.

sábado, 5 de marzo de 2011

Reunión Red Nacional de Escrituras Creativas, Nodos Centro y Oriente. Biblioteca Nacional, marzo 03 de 2011

Nodo Centro-Oriente

Zona Centro delibera sobre el nuevo nombre de la Red

Zona Oriente delibera sobre el nuevo nombre de la Red

Ministerio de Cultura, Banco de la República y Secretaría de Cultura y Turismo del Huila forman escritores: Convocatoria 2011

Con el acompañamiento de la poeta antioqueña Lucía Estrada, Premio de Poesía Ciudad de Medellín, 2005, y Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá, 2010, entre otros galardones, queda formalmente inaugurado el Taller “José Eustasio Rivera”, Renata Huila, en sus actividades literarias para el año 2011. Betuel Bonilla Rojas, coordinador del Taller desde el 2006, comentó que para este año, y como parte de su gestión cultural, se suma al proyecto el Área Cultural del Banco de la República. Dentro de los 14 talleres apoyados por el Banco a nivel nacional, el Taller del Huila, seleccionado por su calidad y su producción dentro de los tres mejores talleres en el 2009, resultó uno de los beneficiados: “Esto se debió en gran medida a la dedicada planeación de las actividades, al rigor en cada sesión, al cumplimiento del programa pactado, al perfil de los asistentes y al permanente apoyo de la Secretaría de Cultura y Turismo del Huila a lo largo de cinco años de funcionamiento”, agregó Betuel Bonilla.

Como quiera que los talleres Renata funcionan a nivel nacional con el apoyo de los entes territoriales, para el caso del Huila significa un logro más haber podido vincular al Banco de la República a las actividades, algo que asegura larga vida para el grupo. Entre sus logros a lo largo de cinco años de trabajo ininterrumpido, los integrantes del taller han obtenido premios departamentales, nacionales e internacionales, y varios de ellos han sido publicados en antologías de cuento en diversos ámbitos.

El Taller sesiona semanalmente en la Sala “José Eustasio Rivera” de la Biblioteca Departamental, los días martes, de 3:00 a 7:00 PM. Cuenta con una publicación semestral propia, llamada “Letras calientes”, y está dirigido a todas aquellas personas interesadas en la creación literaria como oficio, y en la escritura de cuento, especialmente. En la actualidad quedan varios cupos disponibles para nuevos integrantes. La inscripción es totalmente gratuita y sólo se requiere contar con la disposición necesaria para las sesiones de cada ocho días y con las ganas de contar historias. Las inscripciones pueden hacerse directamente en la Biblioteca Departamental, con el escritor y pintor Miguel de León, o en el Área Cultural del Banco de la República.

En el año 2010, el taller contó entre sus invitados como escritor asociado al escritor Antonio Ungar, quien pocos meses después se alzó con el importante Premio Herralde de Novela. De igual manera, en ese mismo año se asumió la modalidad de “escritor local invitado”, metodología que permite la conversación entre los nuevos escritores y autores del ámbito local con publicaciones. Durante el año 2011 se continuará con dicho programa y se tendrá como invitados a los escritores Marco Fidel Yucumá, Álvaro Carrera, Norberto Insusty y Luz Dary Torres. La Secretaría de Cultura del Huila y el Banco de la República invitan a quienes estén interesados en la escritura de narrativa a que se acerquen a inscribirse.

Sesión regular de trabajo de nuestro Taller. Sala José Eustasio Rivera. Biblioteca Departamental

martes, 8 de febrero de 2011

Visita del escritor Álvaro Carrera a Renata Huila

Primera visita de escritor invitado al taller "José Eustasio Rivera" Renata Huila. Nos acompañó el novelista huilense Álvario Carrera. Leyó un fragmento de su novela La maldición de Quintín Lame. Conversación sobre su quehacer literario, las características de su narrativa, sus proyectos literarios...






martes, 1 de febrero de 2011

Programa Taller "José Eustasio Rivera" Renata Huila, Módulo 1

Mapa acompañado para una aproximación al género cuento

Guía 1 para talleres de cuento: Hacia un concepto de cuento
Febrero 1 de 2011


Preparado por Betuel Bonilla Rojas


La verdad es que nadie sabe cómo debe ser un cuento. El escritor que lo sabe es un mal cuentista (Augusto Monterroso)


1. Contar un cuento es saber guardar un secreto (Andrés Neuman)


1a. Terminar un cuento es saber callar a tiempo (Caldwell » Neuman)

a) “En el límite” – Graciela Bucci (Argentina)
b) “La escalerita” – Laura Massolo (Argentina)
c) “Colinas como elefantes blancos” – Ernets Hemingway (Estados Unidos)


2. Para mí un cuento es un relato en el cual lo más importante es la historia (Adolfo Bioy Casares)


2.1 Tampoco creo que la sorpresa sea necesaria (Adolfo Bioy Casares)


a) “Para encender un fuego” – Jack London (Estados Unidos)
b) “Un hombre bueno es difícil de encontrar” – Flannery O’Connor (Estados Unidos)
c) “El paraíso era un autobús” – Juan José Millás (España)


3. Un cuento es una obra de imaginación que trata de un solo incidente material o espiritual que puede leerse de un tirón (W. Somerset Maugham)


3.1. Hay que cambiar el término de anécdota por el de incidente significativo (Sean O’Faolain)


3.2. Un cuento es el relato de un hecho que tiene indudable importancia (Juan Bosch)

a) “El beso” – Anton Chéjov (Rusia)
b) “El collar” – Guy de Maupassant (Francia)
c) “Parece una tontería” – Raymond Carver (Estados Unidos)


4. El límite entre el buen y el mal cuento lo dan la tensión y la intensidad (Julio Cortázar)


4.1 Lo que llamo intensidad en un cuento consiste en la eliminación de todas las ideas o situaciones intermedias, de todos los rellenos o frases de transición que la novela permite e incluso exige (Julio Cortázar)

a) “El brujo postergado” - Don Juan Manuel (España
b) “La carne” – Virgilio Piñera (Cuba)
c) “Conga, Conga” – Manuel Rivas (España)


5. Un cuento es como un cuarto cerrado en el que se han pintado varias puertas falsas; mientras leemos tenemos muchas posibilidades de salida, pero cuando el autor nos conduce a una puerta en particular sabremos si es la correcta porque es la que abre (John Updike)


6. Un cuento es una narración donde los personajes sufren un acontecimiento que les trasforma la vida (Joaquín Armando Chacón)


6.1. Un crimen cometido por… una anciana conocida por su gran caridad es verdaderamente fascinante (W. S. Van Dine).


7. Un cuento es una manera de decir algo que no puede ser dicho de otro modo, y se necesitan todas las palabras del cuento para expresar su significado (Flannery O’Connor » Abelardo Castillo)


8. Un cuento es una serie breve de incidentes, de ciclo acabado y perfecto como un círculo, que por mucho que sea largo o corto es siempre un todo armónico y concluido, siendo muy esencial el argumento, el asunto o los incidentes en sí, trabados éstos en una única e ininterrumpida ilación, sin grandes intervalos de tiempo ni de espacio, rematados por un final imprevisto, adecuado y natural (Carlos Mastrángelo)


9. Es un mensaje narrativo breve, elaborado con la intención muy específica (por parte del autor) de generar un efecto o impresión momentánea e impactante en el destinatario (el lector) y cuya composición lingüística pareciera restringida por la escogencia focalizadora de un solo tema (un hecho, un ámbito o un personaje, según Balza), narrado a partir de una serie de macroproposiciones únicas (Van Dijk, 1983), no vinculadas semánticamente con ningún otro texto narrativo adherente o coexistente, lo que a su vez lo reviste de de una relativa autonomía semántica y formal (Luis Barrera Linares)